Tusanaje | La maestra de piano
1095
post-template-default,single,single-post,postid-1095,single-format-standard,wp-featherlight-captions,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-10.1.2,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1,vc_responsive
 

La maestra de piano

La maestra de piano

Janice Y.K. Lee. /Más que el Amour fou de una maestra inglesa, una aproximación fenomenológica a la psicología colonialista entre británicos y chinos de Hong Kong/.

Hubo una época hace unos quince años en que compraba cualquier libro que se mostrara en una vidriera o mesa de novedades. Costara lo que costara, la condición era que estuviera escrito por una mujer china o tusán y que hablara de sus vínculos con Hong Kong y Macao.

Los libros que cayeron a mis manos fueron muchos, pero ninguno me entristeció hasta la desesperanza y me conmocionó hacia la depresión severa como “La Maestra de Piano” de Janice Y.K. Lee.

“La Maestra de Piano” es una novela que atraviesa muchos aspectos y se estrepita en esa necesidad de juntar en la ficción lo que llamamos fenomenología. Quizá algunos filósofos políticamente correctos abandonen la lectura de mi ensayo en este momento, porque estoy pecando de exceso de academia en las intenciones inventivas de Janice Lee, dándole erudición a lo que muchos lectores y críticos han considerado un enorme esfuerzo de la autora, que logra un paisaje sentimental con el recuento de las mujeres chinas que han estudiado en Occidente y sacan sus pañuelos blancos de seda bordados con primor de sus bellos baúles de laca china, para secar una lágrima que no termina de mojar.

Encuentro una fenomenología en Janice Lee que alcanza un constante y eficaz lavado de conciencia de sus personajes, al extremo de que después de terminar la lectura de “La Maestra de Piano”, uno sabe que la monumental historia, nunca olvidada, como fuera la invasión japonesa en China, no sólo alcanza lo bélico, los intereses políticos, económicos y religiosos, sino que exprime todas esas esquirlas coyunturales, pero se deslizan desde el lado menos esperado del campo de batalla. La sangre derramada no se queda en los huesos pobres y famélicos de las fotos sensacionalistas o atraviesa los sampanes mugrientos y malolientes del mar de China hasta los fumaderos de opio, sino que sangran las paredes de las residencias sofisticadas, el espionaje y la traición en los glamourosos salones de la que no parecía tan frágil estructura de la más hermosa colonia británica en Oriente: Hong Kong.

La colonia británica fue una joya para los ingleses. Su gran valor venía por lo que significaban los territorios estratégicamente situados en la entrada de China, donde comenzó el primer gran mercado portuario con Occidente. El té fue un producto sembrado en China, la manzana de la discordia por excelencia y la mercancía más deseada por los ingleses, a cambio del cuál, además de seda y otras materias, ofrecieron opio. Cito una breve reseña:

La Guerra del Opio fue el conflicto que mantuvieron China y Gran Bretaña entre los años 1839 y 1842. El desencadenante del mismo fue la introducción en China de opio cultivado en la India y comercializado por la compañía británica de las Indias Orientales, administradora de la India.

Esta sustancia (una droga estupefaciente) constituía una importante fuente de ingresos para los británicos y servía para equilibrar su balanza de pagos con China al compensar el gasto de las ingentes cantidades de té chino que Gran Bretaña importaba. El comercio del opio fue rechazado y prohibido por el gobierno chino. La puesta en práctica de la abolición recayó sobre el comisionado imperial Lin Zexu.

Los emisarios enviados por los comerciantes británicos e indios quejándose por el quebranto que tal prohibición causaba a sus intereses decidió a la Corona británica a enviar una flota de guerra que finalmente derrotó a la China.

La fuente de este último párrafo es un artículo sobre las Guerras del Opio que sirve como preámbulo para ilustrar los cien años siguientes de convivencia entre ingleses y chinos en Hong Kong que, a pesar de su encanto y su identificación con Gran Bretaña y su habilidad de expresarse en inglés, continuaban, sin embargo, perteneciendo a sus etnias de origen y tenían los sentimientos y la afectividad como cualquier otro chino que mantenía marcas tribales y poco occidentales.

El libro de Janice Lee retrata de una forma muy sutil, casi misteriosa, el alma quebrada de los colonos ingleses o portugueses y así mismo hurga en el interior de los pensamientos y escatologías chinas de la upper class de Hong Kong. Toda la construcción de estos personajes se va depurando a medida que avanza la historia para ir construyendo un drama muy particular. Las descripciones en “La Maestra de Piano” no son fáciles, menos aún previsibles. Uno empieza a intuir desde el principio porque la autora quiere tocar esas aristas contradictorias que se van puliendo hasta brillar a través de las páginas.

Empezar el primer párrafo con un acto de cleptomanía es de singular paralelo con lo que fue la presencia británica en Hong Kong. De acuerdo a la semiología, el cleptómano obedece a un impulso de quedarse con lo no propio y hasta tiene adicción a ello, no porque lo necesite sino porque carece de la sensibilidad del otro como igual. Para la mentalidad de la época, los habitantes del hermoso archipiélago sólo eran piezas para el juego político y comercial. Los chinos fueron mencionados como objetos de valor y de cambio en la medida en que sirvieran a sus necesidades y las clases altas fueran cómplices de los grandes negocios, o empleadores para su conveniencia de los expatriados europeos (muy parecido a la realidad latinoamericana).

Que una inglesa, profesora de piano, sea la protagonista de una historia donde el escenario es esta alhaja geográfica desmembrada y violentada, que por impulsos del poder pretende ser tomada en propiedad por un agente impetuoso, no es nada gratuito.

El arte y sus representaciones, especialmente las musicales, van a convertirse en ángeles catalizadores. Los maestros o productores de arte son siempre la excepción a las ortodoxas miradas sociológicas y económicas sobre los conflictos o la válvula que confirma la regla.
J.K. Lee esgrime el personaje de Clarice para hacer esta construcción husserliana de indagación en el pensamiento colonialista británico durante la ocupación japonesa en Hong Kong.

Utilizando como marco el contexto e intercambio sociocultural desde distintas perspectivas de afectividad femenina, “La Maestra de Piano” resulta un objeto complejo que se irá “depurando“ a medida que Janice expone ideas claves en la interacción y diversidad de los personajes: colonialismo Inglés, racismo, ética, sociología de la subordinación, belicismo, psicología, imperialismo japonés, machismo, servilismo… Aquí se podría hacer un estudio de género suculento. Janice, egresada la Universidad de Harvard, maneja esos recursos con gran habilidad; su locución con la intimidad y búsqueda de espacio es realmente genial.

Cada personaje principal en “La Maestra de Piano” pasará por el filtro fenomenológico de Janice. En ese filtro, las capas de la mirada indignada, pero refinada, de la escritora, irá saneando las incongruencias violentadas por los intereses comerciales de los británicos y purgando la ambición japonesa a medida que avanzan sobre el territorio. La guerra se vuelve sólo un mecanismo para entender el aparato psicológico humano en ese difícil escenario, hasta esclarecer casi como una pieza de piano que ha venido siendo afinada con mucho cuidado para desplegarse ante el público, cual trabajo ejercitado con disciplina y dedicación, y será tocado ante una audición de lo más exigente, representada en el lector que maneja el sentimiento histórico de los chinos en aquellas circunstancias humillantes.

Trabajar con situaciones limítrofes entre trasgresión íntima, adulterio, hurto, en medio de una invasión militar, con figuras legales complejas, como adopción, servidumbre, jerarquía empleadora/ empleada, es algo de difícil arquitectura. “La Maestra de Piano” tiene personajes al borde del abismo, pero siempre manteniendo un guion que se sustenta en la misma escatología de su labilidad. La autora sabe que va a llevar al lector al fondo de la oscuridad debajo de las capas y capas que forman el pensamiento y la personalidad de sus caracteres. Allí, en el meollo de cada cual, que parece un correctísimo caballero o dama, hay una grieta; de esa grieta brotará esa melodía sofisticadísima que atrapa por su elegancia y fineza en medio del apocalipsis.

La fenomenología del arte en Clarice, la maestra de piano, es su instrumento de campaña, para extender su mirada feminista, estructurada cual filtro sentimental y analítico, sobre los vínculos entre Inglaterra y Hong Kong, la historia, el arte, la economía, la gastronomía incluso, con una respuesta esteticista y ética.

La autora convoca al cuerpo de las representaciones de carácter, de cada individuo y de todos en conjunto, de tal manera que uno puede ir construyendo como lector una organicidad biológica y luego territorial, hasta que la novela toma forma de ventana indiscreta, donde Janice pareciera llevar un limpiador y un desinfectante en cada mano, para hacer transparentes las oposiciones distintivas en las temperamentos abigarrados, contradictorios y tendenciosos de los intérpretes.

Vale hasta una doble lectura, porque hay muchas capas que ir despellejando hasta entrar en la dimensión profunda del redescubrimiento del espacio y el actor.

Ficha técnica

Janice Y. K. Lee es una escritora nacida y criada en Hong Kong de padres coreanos. Realizó sus estudios universitarios en Harvard y trabajó como editora en la revista Elle en Nueva York. antes de dedicarse totalmente a la escritura. “La maestra de piano” suscitó gran interés internacional, que culminó con la venta de derechos a 19 lenguas. En la actualidad Janice ha vuelto a vivir a su ciudad natal.

Sobre La maestra de piano. Editorial Salamandra. España, 2010: Casada con un funcionario destinado en Hong Kong, Claire Pendleton llega a la colonia británica con el entusiasmo y la ingenuidad propios de una joven dispuesta a descubrir un mundo diferente. Al poco tiempo, cuando una prominente y acaudalada familia china la contrata como maestra de piano de su pequeña hija, Claire se ve inmersa en la embriagadora vida social del lugar y, fascinada por un ambiente tan ajeno a sus orígenes, no tarda en relacionarse con Will Truesdale, un hombre enigmático cuyo carácter reservado oculta una historia que se remonta diez años atrás, durante la traumática invasión japonesa de la isla. Así pues, el pasado resurge en torno a figuras como Reggie Arbogast, un empresario inglés empeñado en cumplir una misión inconfesable, y, sobre todo, Trudy Liang, una belleza eurasiática cuya personalidad arrolladora e impulsiva centraba la atención del más selecto y hermético círculo social de la colonia.
(Reseña de la Editorial Salamandra para la contratapa y la publicidad para la venta del libro disponible aquí> https://www.goodreads.com/book/show/4332082-the-piano-teacher).

No Comments

Post A Comment