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Afrotusanes

Afrotusanes

Hoy es sábado de afrotusanes, en el mes de la afroperuanidad. Es, además, un día histórico porque nunca antes se habló -y menos desde la comunidad peruano china- de las personas que representan el encuentro de dos comunidades fundamentales, testimonios y ecos de gente que hace siglos fue forzada a cruzar océanos para servir a los grupos de poder. Gente a la que se le prefirió sin pasado, y a la que se definió sin mundo interno para poder usarla sin remordimiento ético. Dependiendo el momento, representaron la barbarie, la inmundicia y la decadencia. Sin embargo, no les pudieron arrancar su humanidad. Desde la memoria silente hasta la insurgencia más estruendosa, fraguaron su resistencia cultural, la supervivencia de la humanidad que no les lograron arrancar. Siglos después, hay Perú, y no lo habría sin ellos. Así de sencillo. No habría.

El XIX vio entre estas comunidades una jerarquización y el uso de la violencia como moneda de cambio. Los ex-esclavos fueron capataces iracundos con los culíes. Esto produciría cadenas de violencia de uno y otro lado que, según diversas fuentes, llegaron hasta matanzas. Conozco gente viva, de ambas comunidades, que honra con su conducta este odio antiguo.

El XX mostraría a una colonia china negociando todo el tiempo su pertenencia a la nación peruana mientras que ya nadie dudaba en incluir a los afro en el “nosotros” peruano. La colonia china hizo esfuerzos enormes por pertenecer -y ser aceptada- por las clases medias y altas. Se esforzaron y se esfuerzan por no ser una minoría. Pareciera que hubiesen mirado hacia EE.UU. y se hubieran esmerado por ser aquí, como allá, una minoría modelo con licencia para sentirse de la élite y poder así sacudirse de los estigmas racistas. Pero el Covid-19 ha azuzado el racismo antichino y nos ha reventado en la cara. O en la terraza del club, o en la mesa del directorio, o en la mesa de un chifa de lujo a mitad del pandero. Ese discurso antichino que nunca se fue, hoy nos compele a que, como comunidad, entendamos que el racismo se enfrenta denunciando su odio, mezquindad e ignorancia. No se cura gratuitamente con el ascenso social. Con eso, solo se logra una aceptación cosmética que ante eventos como la pandemia actual, no se sostiene.

Nos permitimos soñar con un siglo XXI donde los tusanes entendamos que la solución a las estructuras discriminadoras no está en agenciarnos un lugar por la zona de arriba de la pirámide; sino en unirnos a la lucha por desbaratar esas estructuras coloniales y, por fin, todos los seres humanos nos respetemos en nuestra dignidad humana. En esa lucha, todos compañeros. Con los hermanos afroperuanos, andinos, amazónicos, nikkei. Con todo aquel que esté en desacuerdo con la horrenda idea que unos son mejores que otros por el color del pellejo o la forma de la ñata. Conozco gente viva, de ambas comunidades, que ya está trabajando por el cambio.

Hermano afrodescendiente, gracias por lo que le das al Perú. Nos debemos ambas comunidades, una disculpa por la violencia histórica que hemos ejercido uno sobre el otro. Y debe ser rápida porque la discriminación crece, parafraseando al cholo Vallejo, a treinta minutos por segundo. Y hay que luchar.

El racismo en el Perú está vivito y coleando. No se traduce en leyes ni segregaciones masivas y evidentes pero hay patrones -sí, es la palabra que escojo justo ahora- recurrentes entre los que pueden pagar una educación de primera, así como entre los que terminan la secundaria a duras penas. El racismo peruano se ha asentado en el gris del humor nacional, en la hipocresía de “la buena presencia”, en las ausencias de gente de color (sí, muchos tusanes todavía no se enteran que los amarillos también somos gente de color) en los medios de comunicación. El racismo hipócritamente sigue habitando por doquiera.

Escribí esta décima hace casi dos años. La historia de la comunidad tusán en la forma enseñada por el maestro Nicomedes. Esta, no se le acerca, obviamente, pero fue escrita con respeto por este tusán que ama la cultura afroperuana.

Link: http://www.tusanaje.org/2018/10/15/un-cuento-tusan/

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