Tusanaje | Una velada en el ombligo de la Luna
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Una velada en el ombligo de la Luna

Una velada en el ombligo de la Luna

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No hablo, ni más, ni menos chino que cuando me fui
He engordado un poco,
Mientras rezaba en los cementerios y recordaba tu nombre
Los fantasmas comían los pasteles que nos gustaban
Los mismos fideos
El chuk de arroz
Entiendo algunas palabras que antes no tenían significado para mi.

Julia Wong

Una velada en el ombligo de la Luna

Una noche de sábado, con la luna llena en el cielo (también quería ser partícipe de lo que estaba por venir), más de un centenar de asistentes se dieron cita a través de una plataforma virtual. Nostalgia, cálidez, memoria. Estos tres aspectos caracterizaron el primer evento de Asociaciones y Comunidades chinas en México, coordinado en una ardúa labor por la Dra. Mónica Cinco y Jeannet Wong. A esta velada asistieron el Sr. Zhu Qingqiao, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Popular China en México; el Sr. Sergio Ley, ex Embajador de México en la República Popular China; el Magistrado Daniel Espinosa Licon, Presidente del Poder Judicial del Estado de Jalisco y el Ing. Héctor Guerrero Herrera, Subsecretario de Economía. Estas personalidades estuvieron atentas a las voces de los chinos y sus descendientes, que viven en México en diversas ciudades de la República, entre ellos: Esteban León Ham, Don Antonio Lee, Enrique Zhu, Fernando Yingwuo Su, Ramón Yee, Víctor Yuen Lau, Jenny Wang, Ignacio Chiu, Steve Chi, Valentín Cinco, Saúl Hau Ambrocio, Ramiro Rojas Joo, Miguel Ángel Ham, Mao Lean Bon Ley y Dalia Wong Castañeda. Cada uno relató los recuerdos y vivencias que escucharon narrar a sus familiares cuando migraron, si fueron travesías de principios del siglo XX o actuales, de cómo se han organizado para asentarse, instalar negocios y poder ganarse la vida. Así como la fundación de centros culturales para combatir el desarraigo y la desterritorialización.

Esa tarde me encontraba en casa de Dalia Wong y ambas escuchábamos cada una de las historias con curiosidad, entusiasmo, admiración y empatía, como los tesoros que brotan de un baúl recién desenterrado. Nos estremecían las similitudes en las experiencias con los relatos migratorios de las otras familias y la de su propio padre. Nos llamó la atención una voz elocuente y tranquila, que narraba desde sus 91 años las injurias y atropellos que experimentaron sus familiares en 1911 en la ciudad de Torreón, un evento que Amin Maalouf describiría como una de las preocupantes señales del desajuste del mundo. Por otro lado, resultó alentador observar la solidaridad que se ha consolidado entre los descendientes, pues en las asociaciones chinas de Baja California , La Laguna, Ciudad de México, Pachuca, Jalisco, Chiapas y Sinaloa, los jóvenes tienen vivo el interés por aprender el idioma chino, la danza de los leones, la gastronomía y visitar el lugar de sus ancestros para acercarse a ellos. Son esperanzadoras las historias del retorno, los familiares que acuden a China en búsqueda de su linaje, el poder visitar alguna tumba y leer en los caracteres chinos su verdadero apellido sin castellanizar.

Una leyenda china cuenta sobre una diosa llamada Chang E que habita en la Luna, acompañada por un conejo de jade. Desde este astro mira a su amado y a los humanos en la Tierra. Como toda historia oral, hay varias versiones, pero la más extendida relata que Chang estaba casada con un arquero de nombre Yi. La pareja era tan feliz que Yi quería que su amor durara por siempre. Por ello, acudió con una diosa para que le regalara un poco del elixir de la vida eterna. La diosa le brindó el brebaje, pero le advirtió que la porción era para dos personas, si una sola la tomaba, ésta volaría al cielo y se convertiría en un dios. Por un error, Chang E ingirió toda la bebida de la inmortalidad y se elevó, hasta quedar varada en la Luna. Yi al darse cuenta de lo sucedido, sintió una nostalgia por su separación que sólo pudo suavizar cuando le ofreció frutas y unos pasteles. De esta manera, surgió el Festival de la Luna en China. Las familias se reúnen bajo la luna llena y comparten pasteles lunares (en forma del astro) con la diosa para recordar los lazos de amor entre Yi y Chan E. Así, esa noche del 26 de junio del 2021, en la que los descendientes de los migrantes chinos compartieron sus añoranzas y anhelos, no solamente la Luna estaba escuchando, sino todos los ancestros orgullosos de sus hijos, hijas, nietos, nietas, bisnietos y bisnietas en un país que ellos escogieron para su progenie: México, que en náhuatl significa “en el ombligo de la Luna”.

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