Cristina Zavala: narrar la experiencia migrante desde el cómic

Cristina Zavala: narrar la experiencia migrante desde el cómic

Tusanaje Editorial Web

Cristina Zavala es ilustradora y animadora peruana, egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú y bachiller en Arte por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Integra la editorial Ediciones Deformes, es miembro del proyecto CORALA Cómics y Raza en Latinoamérica de la Facultad de Antropología de The University of Manchester, y fue ganadora en 2021 de los Estímulos Económicos para la Cultura en la categoría de creación de obras infantiles y juveniles. En 2024 formó parte de la Residencia para Artistas del grupo The Swatch Art Peace en Shanghái.

Más allá de su trayectoria artística, su obra dialoga con una historia familiar marcada por la migración china al Perú. Lo poco que conoce sobre ese pasado proviene de los relatos transmitidos por su padre y sus tíos: la llegada de su bisabuelo chino a finales del siglo XIX para trabajar en una hacienda algodonera en Ate, la hacienda Zavala, apellido que él adoptó y que hoy ella lleva. Según la memoria familiar, su nombre era Han Yi —o Han Ye— y no migró solo, sino junto a su hermano.

Los recuerdos que perduran en su familia son, sobre todo, los más duros: el viaje en barco sin agua ni comida suficiente, las enfermedades, el hacinamiento y el maltrato en las haciendas. «Quizá son las historias que Han Yi quiso transmitir a las siguientes generaciones para que no se olviden y no se repitan.» —nos dice. Estas historias son narradas en sus cómics, pero no se limita al pasado. Cristina Zavala aborda otra experiencia migratoria: la de los hijos de las migraciones chinas más recientes y pone en diálogo estas dos temporalidades. Su trabajo propone una reflexión sobre la migración como un proceso continuo, marcado tanto por la violencia histórica como por los desplazamientos identitarios del presente.

 

¿Cuándo y cómo empezaste a explorar tu historia familiar y tu ascendencia china a través del arte?

Todo comenzó de una manera involuntaria, junto a unos amigos creamos una editorial y en una de las publicaciones se nos ocurrió el tema “historias que se desarrollan dentro de un chifa”, Un cómic al que llamamos “Chifanzine”, Posteriormente me convocaron para trabajar en un proyecto del departamento de Antropología de la Universidad de Manchester: CORALA, Cómics y Raza en Latinoamérica, donde se me pidió trabajar en torno a mi ascendencia china y la influencia que tuvo la cultura asiática en los dibujantes de mi generación, de ahí salieron los cómics: Chicos Chinos en los 90’s y 2 Historias; sobre migración de China a Perú. Gracias a estos trabajos fui seleccionada para participar en la residencia artística del grupo Swatch Art Peace en Shanghái donde tuve una experiencia inmersiva que me permitió conocer mejor la cultura China. Finalmente este año pude terminar la segunda parte de Mar Abierto: un viaje de China a Perú, que se presentó en la Galería Sagori en Hiroshima, Japón. Donde el tema principal nace a partir de historias familiares como la mía, muchos peruanos somos descendientes de chinos culíes que llegaron al Perú en busca de un mejor futuro pero al llegar encontraron injusticias, maltratos, trabajos esclavizantes, sin derecho a la salud, vivienda digna, etc. Mi interés no era hablar de mis antepasados, o mi propia historia familiar, sino contar una historia en común, donde podamos reconocernos, encontrarnos y señalar/denunciar lo que realmente aconteció. 

Eres con seguridad la primera historietista tusán en retratar la inmigración china al Perú y las experiencias migratorias. ¿Qué te impulsó a contar estas historias desde el cómic y la ilustración?

Durante todos mis años como estudiante en Bellas Artes, siempre tuve muy a la par el hábito de la lectura, para mí el cómic es esa mezcla de estas dos especialidades, el dibujo y la escritura. Por otro lado, el tema de la migración es algo con lo que crecí, en mi familia todo el tiempo mis parientes; abuelos, tíos, tías, primos, hermanas, siempre estaban migrando a distintos lugares lejanos. Creo que cuando las historias parten de lo personal se vuelven más poderosas, 

Durante tu residencia en el Swatch Art Peace Hotel en Shanghái realizaste el cortometraje animado Visiones de Shanghái. ¿Qué significó para ti vivir y crear en esa ciudad?

Para mí fue como redescubrir una cultura, siempre fui consciente de la influencia china que había en mí, pero visitar Shanghái fue como viajar al pasado y al futuro a la vez, es una ciudad abrumadoramente moderna, pero las tradiciones aún se mantienen y se atesoran. Crear en la residencia fue un acto de devolución y gratitud a todo lo que conocí y aprendí ahí. 

 

Cortometraje «Visiones de Shanghái», de Cristina Zavala en el Swatch Art Peace Hotel

 

Este cortometraje está hecho a mano con tinta y acuarela sobre papel de arroz, y cada fotograma funciona como un recuerdo. ¿Qué buscabas transmitir a través de esta técnica y del concepto de memoria?

Mi intención era representar escenas cotidianas de la ciudad, con la gentrificación y el crecimiento de las ciudades, los barrios y espacios van cambiando aceleradamente. Es algo que noté al llegar y visitar museos, jardines, plazas, mercados y barrios antiguos. Quise capturar pequeñas visiones de la ciudad, como crear un archivo que sea parte de la memoria de una ciudad. La técnica que utilicé me pareció la más ideal porque quería trabajar con animación tradicional, a mano, cuadro por cuadro. Buscando entre tiendas de arte descubrí una cantidad ilimitada de papel para caligrafía, con colores y texturas diferentes. Decidí utilizar esos materiales porque tenía la oportunidad de hacerlo.  También encontré pinceles de bambú, tinta artesanal y tinta sólida. Quería aprovechar todo lo que China podía brindarme durante mi estadía en Shanghái.

Has participado en el proyecto de investigación Cómic y raza en América Latina (CORALA) en la Universidad de Manchester. Cuéntanos sobre esta experiencia… 

Llegué convocada por otros dibujantes e investigadores que buscaban un perfíl específico en Latinoamérica. En el proyecto realicé 3 cómics, “Chicos chinos en los 90s”, 2 Historias: “Pasta para wantan” y “Mar abierto”. De estos 3, «Mar abierto» sigue en construcción porque es una historia que narra la primera gran ola de migración de China al Perú y aún voy por la mitad, tratando de conseguir financiamiento a través de concursos y convocatorias. Para mí la experiencia fue muy enriquecedora porque pude trabajar junto a antropólogos, bibliotecarios, e investigadores, además de historietistas de Colombia, Perú y Argentina. Participamos en ponencias, recibimos talleres, asesoramiento y apoyo con el acceso a documentación y archivos de época. 

En el caso de la historieta, al tratar temas históricos es necesario hacer mucha revisión de archivo. Pero incluso cuando el formato no es documental, la investigación consolida mucho más el trabajo.

En los cómics como Chicos chinos en los 90s y 2 historias de migración de China a Perú abordas la migración y la experiencia migratoria en distintas épocas. ¿Qué te interesa preservar o cuestionar al narrar estas vivencias?

Siempre me ha gustado escribir sobre todo lo que veo a mi alrededor, en el caso de «2 historias», la primera parte titulada “Pasta para wantan” trata de una joven china que llega al Perú de pequeña porque sus padres abren un chifa y ella crece en ese entorno trabajando con sus padres y apoyandolos en el negocio familiar, con el hermano menor haciendo las tareas en una mesa del chifa. Son imágenes comunes en el ambiente “chifero”. Cosas que vemos en la cotidianidad, pero nunca vemos más allá de eso. Yo creo que esas historias tienen mucho potencial. 

En  “Chicos chinos en los 90’s”  hablo más de mi experiencia personal, temas de identidad, discriminación, sobre cómo los demás te perciben, una especie de alienación impuesta por el entorno. Creo que ambas historias son representaciones de nuestra sociedad, son parte de nuestra identidad como tusanes y de alguna manera siento que es necesario visibilizarlas.  

 

Extracto de «Pasta para wantan» de 2 historias de migración de China a Perú

 

El chifa aparece como un elemento recurrente en tu obra. ¿Qué representa este espacio en tu imaginario artístico y personal?

Personalmente creo que el chifa es un punto de encuentro familiar para compartir o celebrar, ya sea una graduación, una despedida, a veces es el final de una jornada de trabajo, una reunión de negocios, etc. Visualmente es muy atractivo, desde los símbolos del horóscopo chino hasta las carpas en las peceras, los cuadros, los dragones, la iluminación, todo está diseñado para transportarte a otro lugar. Hay algo mágico en esa puesta en escena, es como ir al cine a escapar de la realidad por una hora y media.

Para cerrar, ¿qué invitación le harías al público para acercarse a tu obra?

Sobretodo en épocas como esta, donde la discriminación está a la orden del día, y ser migrante se ha convertido en un estigma, me gustaría invitar a todos a reflexionar sobre lo que está sucediendo en el mundo, no podemos seguir permitiendo discursos de odio, la falta de empatía saca lo peor de nuestras sociedades. Me gustaría invitar al público a revisar mis trabajos en Ediciones deformes  y a celebrar la multiculturalidad de nuestro país.

 

 

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