Literatura tusán en el primer Festival Guochao
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El aroma del sillao y el sonido de las conversaciones no suelen asociarse con lecturas y estanterías para libros. Sin embargo, en la tarde del domingo primero de marzo esa imagen habitual se transformó. En el interior del chifa Jin Ying, en San Borja, los comensales compartieron espacio con libros, códigos QR y recitales que hablaban de migración, identidad y memoria. Así empezó uno de los núcleos centrales del Festival Guochao, concebido como espacio piloto para las artes contemporáneas con raíces chinas en el Perú: su exposición literaria, una extensión física de la muestra digital Con tinta tusán, inaugurada en 2023.
La exposición ocupaba el espacio con discreción, integrada al ritmo cotidiano del lugar. Libros dispuestos sobre las mesas del chifa y códigos QR acompañaban el recorrido de los asistentes, quienes se detenían por momentos a hojear, leer o admirar las portadas. Más que una instalación formal, la exposición funcionaba como un circuito abierto: cada visitante encontraba su propia entrada a un conjunto de textos que dialogaban entre sí.
El recorrido no seguía una línea estricta, pero sí una intuición clara: narrar la experiencia tusán desde múltiples voces. Allí estaban los nombres que han marcado este campo literario, como Julia Wong Kcomt, cuya escritura recorre la fragmentación identitaria en títulos como Doble felicidad o Un salmón ciego. Sus páginas, atravesadas por lo semi-autobiográfico, dialogaban con los cuentos de Siu Kam Wen, donde la experiencia diaspórica adquiere forma narrativa en obras como El tramo final.
Pero la muestra no se detenía en los autores más reconocidos. También proponía otros caminos. En uno de ellos aparecía Armando Guerrero Rodríguez, cuya obra Las tinieblas ocultas recreaba desde la ficción, la historia de los culíes que llegaron al Perú en el siglo XIX. Ese gesto —mirar hacia atrás para reconstruir desde la literatura— convivía con propuestas contemporáneas que exploran nuevos lenguajes.

Tania Agüero Dejo y su libro-arte Viaje al Este. Al fondo destaca la imagen de Pedro Zulen. Créditos: Julia Siolek
En ese punto, la exposición cambió de ritmo. Los libros dejaron de ser solo libros. Las piezas de Tania Agüero Dejo, como Viaje al este o La taña y sus cometas dragónicas, incorporaban lo visual y lo táctil en relatos que se expanden más allá del texto y se convierten en libros-objeto o libros de artista. Cerca de allí, los cómics y fanzines de Cristina Zavala Portugal —Dos historias de migración y Chifanzine. Vol. II— introducían una mirada distinta: la experiencia migrante narrada desde la voz femenina y el lenguaje gráfico.

Cómics sobre experiencia migrante de Cristina Zavala. Créditos: Lissette Campos
No todo ocurría en silencio. En medio de la exhibición, la poesía irrumpió como acto compartido. Tania Agüero Dejo y Hernán Hernández Kcomt leyeron sus poemarios en voz alta, devolviendo a la literatura su dimensión oral, su capacidad de convocar a quienes escuchan. El chifa se convertía, por momentos, en la sala de lectura de una biblioteca o en el auditorio de algún centro cultural.
La tecnología también tejía su propia narrativa. Los códigos QR no eran un añadido, sino una extensión de la muestra. A través de ellos, los visitantes accedían a la biblioteca digital de Tusanaje, donde podían leer o descargar obras de autores como Augusto Kuan Veng y Pedro Zulen, figuras fundacionales de la literatura tusán a inicios del siglo XX. El pasado y el presente, entonces, no se ordenaban en una línea, sino que coexistían en simultáneo.
Hacia el final de la jornada, la sensación era la de haber transitado una cultura literaria viva. En su primera edición experimental, el Festival Guochao apostó por ensayar formatos, cruzar espacios y activar memorias. La muestra literaria, en ese contexto, no solo exhibió libros: propuso una manera de leer la experiencia tusán, en un lugar tan cotidiano como inesperado.

Exposición de literatura tusán en el Festival Guochao. Créditos: Walter Hupiu
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