Tusanaje | Lo que aprendimos un día con las niñas de origen chino de València
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Lo que aprendimos un día con las niñas de origen chino de València

Lo que aprendimos un día con las niñas de origen chino de València

Catàrsia es el nombre de un colectivo de descendientes de asiáticos con base en Barcelona. Su nombre es un juego de palabras entre “Asia”, “catársis” y “Cataluña”. Buscan acompañar a los jóvenes del colectivo asiático (presencialmente, emocionalmente…); proponen la visibilización, politización y participación de un colectivo que, a día de hoy, sigue marginado en los medios de comunicación y adolece de falta de representación política: son activistas transversales, con mirada decolonial, antirracista y feminista. Su estrategia no se queda solo en la virtualidad de las redes, sino que se traslada a espacios físicos por medio de acciones, reuniones, talleres, juegos, debates y otras jornadas de divulgación.

Me puse en contacto con Cristina Zhang Yu, también conocida como Kao, una de las voces visibles de Catàrsia, para organizar en València un encuentro conjunto con Tusanaje-秘从中来 y otras voces chiñolas. Cristina es psicóloga educativa especializada en temas identitarios, y bautizó las jornadas como “Ni chiñoles ni bananas”, dando un golpe sobre la mesa y centrando el debate en la terminología: “Parto de la base de que chiñol, al menos a mí, no me sirve, porque no creo en los estados nación, y siempre me he sentido mucho más catalana que española, y de que banana es un término racista. Los miembros de la comunidad afro nunca se llamarían a sí mismo conguitos”.
En el río Turia creamos durante varias horas un espacio para personas de origen chino (aunque no necesariamente criados por familia china) donde compartir historias y vivencias propias. Por medio de juegos y actividades, nos conocimos mejor a nosotros mismos y empezamos a conocer a los demás. Por unas horas, hicimos nuestro el espacio. Quisimos animar especialmente a personas de origen chino a venir, para tratar de compensar, momentáneamente, otros espacios donde estas tradicionalmente no están incluidas.

Las jornadas se llenaron de la generación más joven, aquellos que aún van a Primaria y Secundaria. Están en una edad crítica en que empiezan a relacionarse con sus compañeros, a entender cómo los grandes problemas de la sociedad están reflejados en las dinámicas de clase, tal y como hemos podido comprobar con la reciente polémica de La Milagrosa de Ontinyent. En vez de hablar de racismo estructural e institucional, como se habría hecho con participantes adultos conocedores del tema, hablamos de las amistades y el compañerismo, y cómo lidian estos adolescentes con una vida entre dos culturas, algunos sedientos por conocer su cultura de origen, otros sin atisbo de curiosidad. Hacía tiempo que no hablaba largamente con personas tan jóvenes y comprendía la óptica con la que miran estos jóvenes entre los 7 y los 16 años, que están creciendo en una sociedad que en ciertos aspectos cambia a pasos agigantados y en otros se ha quedado anclada en el siglo pasado. Hacía tiempo que había olvidado cómo los roles y las relaciones de poder se reflejan en la escuela.

El objetivo de las jornadas era mucho menos de divulgación (lo que habría implicado hacerlas abiertas al público general) y mucho más de dinámicas igualitarias, de compromiso con personas que compartieran realidades parecidas a las nuestras. No nos faltaron las críticas. Pero no nos echamos para atrás: quisimos extender un brazo amigo desde lo igual, vencer el aislamiento y la alienación de los que se sienten o se han sentido alguna vez diferentes y rechazados por su etnia, raza o cultura. Un acto grupal, un guiño cómplice, un guiño amigo.

Cristina Zhang fue la conductora durante todo el día. Por medio de talleres participativos, juegos didácticos y comunicativos, y metodologías como la del teatro del oprimido de Augusto Boal, momentos en que participaron también caras conocidas como la de Antonio Liu Yang, hablamos de conflictos sociales y propusimos soluciones. Kao habla con pasión de la importancia de las historias y de las narrativas alternativas. Siendo estudiante de Psicología, se dio cuenta de cómo hay exceso de neurociencia, diagnóstico y tratamiento sobre problemas que a priori parecen meramente individuales pero en una lectura más profunda pueden tener causantes sociales.

“Un día magnífico y muy divertido. Aprendimos muchísimo, sacamos muchos sentimientos y disminuyeron nuestras inseguridades. Mi hija Amagoia descubrió un mundo nuevo. Sacó de dentro muchas cosas”, comentó, acerca de la jornada, la madre de una joven adoptada de 16 años nacida en la provincia china de Hunan y que reside en una localidad valenciana de poco más de mil habitantes.

Es trabajo de los educadores del futuro formar a generaciones abiertas y sin miedo: sin miedo a lo diferente, a lo igual, al otro. Por eso es tan vital el trabajo de personas como Kao, que quiere mejorar eso en lo que tanto ha fallado el sistema educativo, la base, con personas como ella o como yo: “No ha sido fácil reconocerme como china. De hecho, todavía estoy en ello. A pesar de la apariencia y lo que comparto con mi familia, socialmente siempre me sentí y definí más catalana”. Para Cristina, el sistema educativo falla con los hijos de los inmigrantes cuando los profesores jamás preguntan qué es lo que pasa en sus casas o cómo son sus familias. Niños que muchas veces no saben gestionar adecuadamente qué es vivir de una manera de puertas para adentro y de una diferente de puertas para afuera. Frente a esta discriminación, la respuesta de muchos chinos de segunda generación e hijos de chinos inmigrantes ha sido el aislamiento y la búsqueda de una identidad exclusivamente china y de rechazo a la cultura española. Cristina tiene muy claro cómo las voces sociales han configurado parte de su identidad: “¿Qué haces cuando creces en un entorno donde eres minoría, te discriminan y vives el racismo? Querer pasar desapercibida, camuflarte, ser una más, no destacar. Es una trayectoria compartida con varias compañeras que como yo crecieron en un entorno blanco, en la cultura hegemónica. Pero una cosa es lo que una siente y otra es lo que la sociedad te percibe. A nosotras se nos lee chinas y eternamente extranjeras. Por eso en Catàrsia queremos articular una lucha que no surge de las instituciones, sino de nosotras mismas”.

“Una vez di una charla sobre mi trayectoria educativa y cómo he ido configurando mi propia identidad. Hacia el final, quise ser irónica y dije ‘gracias a todo esto, puedo decir a día de hoy, con orgullo, que yo también he asimilado’. Justo después rompí a llorar delante de todos. Es duro para una misma reconocerlo, y a la vez exponerte públicamente así”, admite Kao.

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