Tusanaje | Presentación del libro “Inmigración China y orientalismo modernista” Un comentario muy breve y general a la obra de Daisy Saravia
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Presentación del libro “Inmigración China y orientalismo modernista” Un comentario muy breve y general a la obra de Daisy Saravia

Presentación del libro “Inmigración China y orientalismo modernista” Un comentario muy breve y general a la obra de Daisy Saravia

 (Presentación virtual, Feria del Libro Santa Marta, 08 octubre del 2020)

 

Lic. Gonzalo Paroy Villafuerte

Historiador – UNMSM

 

Muy buenas noches a todos, gracias por su compañía, estoy muy honrado de compartir la mesa con ustedes y de tener la oportunidad de presentar la investigación de Daisy Saravia.

Como saben, soy historiador con cierto tiempo investigando y escribiendo sobre los inmigrantes chinos. Cuando inicié esta aventura el 2010 no pensé que duraría tanto tiempo, pues debía ser “solamente” un proyecto de investigación para un curso universitario. No sabía que en torno a la investigación de una población migrante se podría conocer a la sociedad peruana en general, se podría interrogar todo tipo de fuente de información y se podía interpelar a todos los personajes de nuestro país. Como lo he dicho varias veces, preguntarse sobre el sujeto chino migrante del siglo XIX o XX, es preguntarse al mismo tiempo sobre un proceso global (la diáspora china) y es preguntarse sobre muchos problemas sociales que persisten a puertas del Bicentenarios, a saber la identidad, el racismo, la discriminación, el mestizaje, la ciudadanía, entre muchos otros.

El tema terminó siendo mi tesis. Mi objetivo fue conocer los miedos, intereses, y proyecciones personales de distintos actores de las esferas del poder del siglo XIX (autoridades, leyes, proyectos, prensa e intelectuales) respecto a cómo identificaban al inmigrante chino. Se puede seguir a través de varias formas discursivas, que el inmigrante chino fue objeto constante de especulación, fue depositario de temores y anhelos, fue objeto de debate nacional, todo ello, mientras eran traídos casi obligados y en condiciones de servidumbre a las haciendas costeras y a las islas guaneras, un sujeto en estado de vulnerabilidad, pero que en poco tiempo fue rompiendo las barreras culturales, legales y económicas. Por supuesto que el resultado de mi trabajo me gustó mucho, pero he insistido mucho en esto: hubiera sido genial que en ese contexto de investigación (2015 – 2016), conociera el trabajo de Daisy. Si así hubiera sido, mi trabajo hubiera sido mejor, con un enfoque más amplio y con la alegría de saber que mi línea de investigación podía tener muchas aristas.

Conocí a Daisy en el 2018 en el Congreso de ALADAA Internacional realizado en Lima, cuando ella organizaba una mesa sobre la inmigración y presencia china en el Perú. Hace algún tiempo que tengo la titánica meta personal de analizar toda la bibliografía peruana sobre este tema, y principalmente, las nuevas investigaciones. Con la amabilidad que la caracteriza, me compartió sus tesis escritas en San Marcos, la casa de estudios que compartimos. Además, leí algunos textos que se pueden encontrar en la web, así mismo la he seguido en los varios eventos académicos y culturales que ha realizado este año gracias a las mesas virtuales y a nuestra participación en Tusanaje; lo que me ha permitido conocer de manera general su obra, sus intereses, señalar sus aportes, aunque debo admitir que de esas más de 380 páginas de la tesis de maestría, aún quedan algunas pendientes. Aquí presento un comentario general pero muy breve de sus investigaciones, al que, como no puede ser de otra forma, no espero que la misma autora esté de acuerdo, sino que señalo a través de su lectura, mis propias expectativas y mis propias conclusiones.

Daisy dedica su investigación al análisis de un tipo de periodismo de principios del XX, las crónicas, en donde, en torno a algunos sucesos con personajes chinos (o japoneses en sus últimos trabajos), se creaba toda una ficción, una narrativa donde el personaje genérico chino (u oriental) en cuestión dejaba de ser un sujeto. Ya no importaba el fin periodístico de informar, no importaba el bienestar del agraviado, la búsqueda de justicia, o ni siquiera la noticia en sí; todo esto desaparecía. El chino pasaba a ser un objeto de entretenimiento literario, un recurso retórico, una nueva narrativa: el chino era un “ente” exótico merodeando en la ciudad de Lima cuya presencia no pasaba desapercibida, sino que generaba todo tipo de reacciones. Aunque, como en el caso de Variedades, no se limitaba a su presencia en Lima, sino que recurrían muchas veces a comentar notas periodísticas y culturales de China y Japón en secciones como “Cosas de la China”. Las notas sobre chinos empezaron a ser recurrentes, pero siempre exóticos, o en su defecto, peligrosos, ignorantes o incapaces de sobrellevar su propia vida.

Esta forma exótica de tratar el asunto de los chinos es parte de una forma de pensamiento que comprende que oriente y occidente son, no solo diferentes, sino antagónicos; de una forma de pensamiento que generó “especialistas” en oriente, naturalizando de esta forma una división geopolítica que niega la constante interacción que por varios siglo mantienen las naciones de Europa, América y Asia. Este “orientalismo” se enmarcó en el “modernismo” limeño, que empezaba a dominar entre los intelectuales, quienes mantenían vigente las formas del positivismo que en Latinoamérica se manifestó en forma de pretensiones del darwinismo social y del fortalecimiento discursivo del llamado Racismo Científico.

Como no podía ser de otra forma, sus textos me atraparon. Desde mi diminuto mundo de teoría social, no daba crédito a que la crítica literaria ayude tanto al entendimiento social de manera tan concreta. A través de esta lectura crítica de la prensa, descubrimos al sujeto limeño con sus miedos y deseos, descubrimos al intelectual que busca nuevas narrativas a costa de la burla o de la negación de humanidad, descubrimos a una sociedad que construyó su identidad en oposición al migrante chino.

Lo dicho hasta ahora es un resumen muy breve y limitado del tema de interés de Daisy Saravia y el análisis literario. Pero como historiador debo resaltar un par de asuntos más:

1.- Sus investigaciones están muy bien documentadas, hay harta fuente histórica, un amplio trabajo de búsqueda de información, heurística dirían los maestros de la historia, en hemerotecas para tener una visión global de la prensa modernista.

2.- Contextualiza cada cosa que dice, no pierde la noción de que lo dicho y lo escrito pertenecen a una época, al tránsito del siglo XIX al XX, a esa sociedad gobernada por aristócratas donde la jerarquía por castas todavía gozaba de legalidad, evitando de esta forma los anacronismos. Y esto, gracias a la exhaustiva lectura de los estudios sobre la historia del Perú, que no se limita solo a los especialistas en la inmigración china, sino que nos grafica la época que hemos denominado “la República Aristocrática”, etapa con la que inicia el siglo XX peruano.

Estos dos puntos, insisto, no son menores. Son partes del método que aun jóvenes historiadores no comprenden o no dominan. Las fuentes no hablan por sí solas, pertenecen a una época y hubo una razón de su producción. Y en el caso de la prensa, una razón de su difusión y de su aceptación y solo estudiando el contexto se logra esta comprensión.

Ahora bien, sé que he hablado del trabajo de Daisy en abstracto, ideas muy generales acerca de su amplio conocimiento sobre el tema. Debería concretizar lo dicho a través de este libro que estamos presentando. Pero, considero que de eso se trata un comentario a un libro que se presenta. No les voy a contar cada capítulo y cada historia analizada, porque les quitaría la oportunidad de descubrirlo. Vayan al libro, que esto debe ser una invitación. Yo espero haber dejado en claro cuáles son los temas a tratar, para que el lector determine, y no dude en ir al libro.

Bueno, me permito comentar un pedacito, si el tiempo lo permite: “La lucha China”. No hay hechos, pero podemos sobreentenderlos a través de la nota. Los hechos de violencia asociados a los chinos (rebeliones, riñas cotidianas, asaltos) y la carga cultural atribuida a las artes marciales “orientales”. Esto permitía tildar al chino de “violento” e “impulsivo”, pero la exotización emerge cuando creen hablar de una tradición: «Varios siglos de experiencia han enseñado a los chinos una multitud de golpes, de combinaciones y de paradas que hacen de ellos adversarios sumamente temibles», una muestra concreta de cómo actúa el determinismo étnico o racial. Un estereotipo construido hace varios años, que si escuchan y observan con atención, se mantiene en nuestros días.

Lo mejor lo dejé para el final: el libro es de descarga gratuita desde la página de la editorial MyL, aunque yo sigo esperando la versión impresa y autografiada.

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