Tusanaje | 10 de octubre
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10 de octubre

10 de octubre

El 10 de octubre de 1911 se declaró el nacimiento de la República China, un nuevo sistema político que terminaba con más de dos mil años de dinastías y emperadores. Hacía más de 300 años que los Manchú de la dinastía Qing iniciaban una gestión basada en estratégicas alianzas políticas y eficientes campañas militares, que permitió la mayor expansión histórica de la nación y el reconocimiento entre las potencias occidentales. Pero desde fines del siglo XVIII el sistema imperial iniciaba una espiral de problemas internos en el contexto de una creciente amenaza externa. A lo largo del siglo XIX  todos estos problemas se materializaron en diversos conflictos: mientras que la burocracia aumentaba y la corrupción se enquistaba en todos los niveles del gobierno, el campesinado se rebelaba ante la ausencia de políticas agrarias y económicas acordes a una nueva época, se perdía el control político de facto en regiones importantes ante el surgimiento de autoridades locales. Al mismo tiempo, las potencias europeas iniciaron una agresiva política de ingreso al gigante asiático con el Imperio Británico a la cabeza.

Los últimos emperadores Qing no supieron responder ante las avenencias de las nuevas dinámicas mundiales. Mientras que los productos alimenticios y los espacios laborales empezaban a escasear debido al rápido crecimiento poblacional, la agricultura mantenía formas de producción tradicionales; mientras surgían focos rebeldes que exigían una reforma de las administración y mayor participación en las políticas locales, los manchú se mantenían en los altos cargos con políticos ineficientes y corruptos; mientras que los imperios occidentales iniciaban una diplomacia global bajo el principio de “igualdad de las naciones” que obedecía a la creciente globalización de las relaciones económicas, el imperio chino mantenía fuerte su idiosincrasia de ser la “Nación del Centro” donde todo extranjero debía ser tributario e inferior; finalmente, mientras la época exigía adecuaciones en general, los nobles chinos seguían preocupados en luchar por intereses personales y se enfrascaban en conflictos internos de sucesión dando la espalda a las preocupaciones generales de la población. En general. El siglo XIX fue un siglo donde aumentó la pobreza y la necesidad de migrar a nuevas tierras (inmigración interna y externa), donde quedó claro que el poderío militar europeo era superior (“Guerras del Opio) y que las estrategias burocráticas eran insuficientes para calmar el descontento que desencadenó rebeliones (Taiping, Bóxer, entre muchas otras más pequeñas).

El hito histórico que ha venido a conocerse a nuestros como el inicio de la República China iniciado en Wuchang el 10 de octubre de 1911, fue una respuesta a la política imperial que atravesaba numerosos conflictos internos, y a la vez, una respuesta a la creciente dinámica global que los Qing no comprendieron. Los nuevos políticos e intelectuales plantearon reformas radicales, sin perder el nacionalismo y los valores clásicos, pero con clara influencia de ideas de la política occidental.El gobierno presentó una férrea resistencia a estas reformas ante el miedo de perder soberanía y ceder ante autoridades locales o cónsules extranjeros, saboteando todo intento reformista. Todo ello fue caldo de cultivo para que se geste un cambio radical, una serie de alzamientos y rebeliones que han venido a conocerse como la “Revolución China de 1911” o la “Revolución Republicana”. 10 de octubre puede comprenderse como la singularidad que une dos etapas: el fin del sistema imperial que gozó una vigencia milenaria y el inicio de la historia contemporánea de China, bajo los ideales propios de una naciente República, que incluye los conflictos internos y externos que tuvieron que enfrentar en sus primeras décadas.

Ahora que se conmemoran 109 años de este hito y que China se perfila como una potencia mundial, cabe recordar aquellos ideales que dieron bosquejo a la República Popular y evaluar si los problemas de la última dinastía china siguen vigentes, de una nación que se perfila como un modelo político y económico global por sus reconocidos logros; que ha logrado la democratización de los servicios básicos; y que ha sabido llegar a la “modernidad” sin dejar de lado la tradición de su historia milenaria.

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